De la mezquita a la escuela

Houssien El Ouariachi*

En un artículo con el título que he elegido repetir aquí, publicado por el filósofo e investigador del CSIC, Reyes Mate, en su periódico el pasado día 12, nos dice con seguridad que el alma de las religiones monoteístas es violenta. Y la prueba de ello serían los conflictos que nos rodean en el Mediterráneo, asegurando además, por si quedaba alguna duda, que la tolerancia nos ha llegado a Europa sólo cuando la política se desentendió de la religión.

En un contexto de tensiones y conflictos sus afirmaciones parecen muy razonables y legitimadas, sin embargo, no es del todo exacto. Si no fuera porque en realidad estas religiones tuvieran un alma de luz, no se llevarían a cabo infinidades de actos de bondad y solidaridad, individuales y colectivos, que hacen que este mundo sea menos cruel de lo que podría ser, así son y así lo practica la inmensa mayoría de los fieles.

Pero si no bastara con ello, nuestro querido filósofo obvia que las guerras que nos rodean no tienen su origen ni fundamento en las religiones, sino en los intereses políticos seculares en donde las religiones son utilizadas como medio de propaganda y legitimación, tanto en positivo como en negativo, es decir, tanto para acometer barbarie y terrorismo, como para legitimar intervenciones militares.

Asimismo, si aplicáramos la misma vara de medir, con la que el filósofo llega a una conclusión negativa sobre las religiones, para juzgar nuestras democracias laicas, la conclusión no sería muy diferente, si es que no es peor. Nuestras democracias laicas han entrado en guerras que han segado la vida a decenas de millones de vidas, nuestras democracias laicas son las mayores fabricantes de armas de destrucción masiva, nuestras democracias laicas se apoyan en dictaduras que no dudan en utilizar la religión con fines opresivos. ¿Quiere decir eso que la democracia y la laicidad tienen almas violentas? Juzguen ustedes mismos.

Volviendo a nuestro tema de la religión en las escuelas, y supongo que el título del artículo es más para atraer la atención de los lectores que hablar de una realidad, ya que salvo excepciones muy limitadas, y a pesar de ser un derecho constitucional y legal reconocido, los alumnos musulmanes de España no reciben clase de religión en los colegios e institutos, como podría imaginar más de uno, en un incumplimiento flagrante de la ley. A parte del debate de si hay que dar clase de religión en establecimientos públicos (en opinión de un servidor lo mejor es que no), no se puede negar la dimensión positiva de esta asignatura, por lo menos para el alumnado musulmán, aunque fuera de forma temporal, ya que aprender religión musulmana en establecimientos públicos consigue un objetivo necesario entre nuestro alumnado, y es la identificación con el país y el reconocimiento a su identidad religiosa. No es nada baladí en nuestros días, necesitamos que los alumnos musulmanes se sientan españoles, catalanes, andaluces… y poder recibir clase de Islam en un establecimiento público es un reconocimiento con un gran calado simbólico. Una hora a la semana no es suficiente para formarse en materia religiosa, pero sí para sentirse uno más del cuerpo social, uno igual que los demás.

En consecuencia, la laicidad ha de ser la garantía de la igualdad, y no del descarte de las religiones de la enseñanza pública; al mismo tiempo que ha de significar tomar la misma distancia de los poderes públicos respecto a todas ellas. Asimismo, el material que se imparte ha de ser público para que la ciudadanía tenga acceso al mismo y poder valorarlo. Por eso es importante separar los dos debates, uno, el de la enseñanza de la religión en los establecimientos públicos, y otro el de la enseñanza del Islam. Muchas veces se saca el primero para tapar la desigualdad y la vulnerabilidad del alumnado musulmán que no ve satisfecho su derecho reconocido a recibir clases como sí reciben nuestros conciudadanos católicos, por poner el ejemplo más evidente.

El autor nos dice que la ley Wert sería el sueño de los yihadistas, y he aquí un grave error. Los mal llamados yihadistas (un filósofo no debe utilizar los términos sin la precisión debida sólo porque los medios de comunicación lo hagan) no creen siquiera en la educación pública ni en la convivencia, por lo tanto, hacer referencia a ellos aquí parece algo forzado.

Eso sí, la referencia a Habermas y la necesidad de aprovechar los valores espirituales y éticos de las religiones para educar a los futuros ciudadanos es un gran acierto. En las sociedades democráticas y diversas como la nuestra, el discurso religioso debe dar un paso hacia adelante y hablar un lenguaje ciudadano que integre toda la pluralidad existente y no limitarse a dirigirse a sus fieles.

Es una tarea necesaria en las sociedades interreligiosas e interculturales que sólo puede llevarse a cabo implicando en este proceso a las universidades y los centros educativos donde los dirigentes religiosos, rabinos, curas, imanes y demás líderes puedan compartir cursos de formación sobre democracia, los valores constitucionales y el diálogo interreligioso, para después poder transmitirlo a los fieles de sus respectivas religiones y romper las barreras y los prejuicios existentes.

El señor Reyes Mate comete un error muy común a la hora de acercarse al Islam, y es la de hacer un paralelismo con la historia del Cristianismo, y no es correcto hacerlo ni justo. Puesto que aunque actualmente el Islam parece estar secuestrado por los movimientos radicales y terroristas, además de por muchos Estados aliados de la Europa democrática y laica, esta religión que profesan unos 1500 millones de personas en el mundo no es nada mitológica, y sus preceptos y enseñanzas, especialmente en lo que concierne a la convivencia, son mucho más laicos de lo que puede parecer; todos los contratos son civiles, desde el contrato matrimonial hasta el contrato social y político, son acuerdos entre ciudadanos y comunidades, lo sagrado es el respeto a los pactos.

Y sí, antes de ser moros, cristianos o judíos, somos seres humanos, por eso el Islam, aunque se reconozca como la continuación de los mensajes anteriores y se reconozca como el camino de la verdad, no niega ese derecho a otras religiones y filosofías, de ahí que su libro sagrado lleva proclamando desde hace 14 siglos, en un momento en que la persecución religiosa, la intolerancia y el antisemitismo campaban a sus anchas en Europa, y dice: “No hay coacción en materia de fe[1].

He de reconocer que el artículo goza de un espíritu de razón y respeto y de un compromiso con la tolerancia que me ha encantado; desgraciadamente no abundan en estos tiempos de crisis y prejuicios, lo cual se agradece.

Houssien El Ouariachi es periodista del Canal Córdoba Internacional TV y presidente de la Organización Nacional para el Diálogo y la Participación.