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Hashim Cabrera: “El islam ha sido la gran asignatura pendiente de la Transición”

Por Webislám

Bismillahi ar rahmani ar rahim

Eran tiempos lúcidos, valientes y utópicos. Eran nuevos musulmanes, luminosos, creativos y fecundos. Así comenzó la historia de Junta Islámica hace 25 años.

Comenzamos una serie de entrevistas para conocer a algunos de los impulsores de Junta Islámica, una organización que ha desarrollado innumerables iniciativas para normalizar la vida de los musulmanes en España y establecer canales de diálogo, debate y encuentro, tanto dentro de la comunidad musulmana como en la sociedad española.

Entrevistamos esta semana a Hashim Cabrera. Artista plástico, escritor, poeta, místico… se encuentra en estos momentos realizando un libro que recoge las casi tres décadas de historia de Junta Islámica. Este destacado miembro fundador de Junta Islámica, comprometido con la recuperación de la memoria histórica andalusí y estudioso apasionado de los moriscos, nos recibe en su casa con la calidez que conceden los atardeceres andaluces en primavera.

¿Cuál es tu momento de luz favorito durante el día?

— Tal vez entre asr y magrib, o poco después de subh, que es esa luz rasante y cálida que permite hacer tan buenas fotografías. Me gusta cuando la luz se hace íntima y se repliega sobre sí misma envolviendo nuestras miradas.

¿Un lugar donde te gustaría perderte?

— En un playa desierta entre Tarifa y Zahara de los Atunes, oyendo el sonido del rebalaje en la bajamar, suave, distante y sereno.

¿Cuál es tu fruta preferida?

— Soy caballo de buena boca, como decía mi madre, lo cual quiere decir que me gustan casi todas, pero siempre en su temporada, las naranjas en invierno, las fresas y cerezas en primavera, los melones y sandías en verano, la aceitunas y los caquis en otoño… creo que hay una sabiduría implícita en los ciclos naturales, en los sabores y en las sustancias presentes en cada estación.

¿Quién/cuándo eligió el nombre de Hashim y por qué?

— El nombre de Hashim surgió en Salobreña, Granada, en casa de Bashir Villén, durante mi shahada, el día 4 de febrero de 1987. En realidad no sé por qué decidieron Bashir, Abderrahim Romero y Mansur Escudero llamarme Hashim Ibrahim. Lo de Hashim tal vez fuese porque ellos siempre  me han visto como a alguien ancestral, y, claro, como Hashim era el bisabuelo del profeta (sas), pues, tal vez fuera por eso, pero no lo sé con certeza. Lo de Ibrahim seguramente porque soy un intimista sentimental y lloro a menudo.

¿Cómo te defines, artista, musulmán, moro…?

— A estas alturas casi me resulta imposible definirme de ninguna manera… he llegado a sentir todas esas identidades como algo tan relativo que no puedo quedarme con ninguna de ellas sin sentir una mentira o un vacío…, creo que son etiquetas de andar por casa que utilizamos para salir del paso en determinadas situaciones, pero poco más. De modo que me siento todo eso y nada de eso al mismo tiempo…

¿Cuál es tu sura y aya favorito del Qur’ân?

— El sura y aya de la Luz

¿ Y tu color favorito?

— El verde vibrante

En un poema del gran místico español San Juan de la Cruz leemos: “Entréme donde no supe, y quedéme no sabiendo, toda ciencia trascendiendo.” Esto lo relaciono con eso que tú llamas “atontarse del todo, vaciar tu mente de cualquier cosa, de cualquier pensamiento o recuerdo y entregarte a esa tontería o a esa vaciedad“, que es, quizá, la única que permite la gran apertura… ¿La pérdida de la fe en las sociedades contemporáneas se debe que somos demasiado listos?

— Que los habitantes de las sociedades postindustriales hayan perdido la fe en las mitologías tradicionales, incluido el mito del progreso, no quiere decir que el ser humano de nuestro tiempo haya dejado de ser crédulo en un sentido religioso. Las sociedades contemporáneas están llenas de fe y tal vez ese sea su gran problema, la tendencia a la credulidad, la falta de certezas, la inevitable esperanza en una redención o el temor a la catástrofe que, en nuestro tiempo, adquieren siempre tintes mediático/mesiánicos, publicitarios, consumistas.

Creemos en la bondad de nuestro sistema, en la bondad intrínseca de Obama o de Francisco. Creemos más que nunca se ha creído —y ese quizás sea el problema— en la crisis, en que estamos tocando fondo, en que la tecnología nos pone en contacto, etc., etc..  Vivimos en una profunda irrealidad porque confundimos las cosas con sus nombres…., vivimos una existencia virtual, mental, alejada de la naturaleza, de nuestra propia naturaleza, que es ese ‘atontamiento’, ese ‘vacío’ lleno de soledad sonora como decía nuestro santo. Quizás sea verdad eso que dices de que somos demasiado listos, pero quizás nos falte inteligencia, inteligencia emocional, inteligencia instintiva, intuición creadora, sí, quizás sea ese uno de nuestros peores males.

El arte tiene una relación de tensión con el islam: no hay figuras, no hay representaciones humanas… Líneas, formas geométricas y conciencia parecen ser un freno a la libre expresión artística. ¿Cómo libera el artista musulmán esa tensión?

— No creo que exista una relación de tensión entre arte e islam mayor que la que existe en el alma europea o norteamericana moderna con relación a la expresión artística. La diferencia estriba, en mi opinión, en que, en el terreno de las artes visuales, el arte islámico implica una ‘cultura de la forma’ mientras que las culturas indoeuropeas en general comportan ‘culturas de la imagen’. Forma e imagen son conceptos bastante diferenciados y resultan ser muy elocuentes a la hora de explicar la experiencia de unas culturas y otras con relación a sus experiencias visuales.

La falta arte figurativo puede tener su origen en el versículo del Qur’ân: “Oh, vosotros que creéis, sabed que el vino, los juegos de azar, las estatuas y las fechas de adivinación son males nacidos de Satan”. Sin embargo, algunos estudiosos nos indican que la palabra empleada (al ansab), y que se traduce por “estatua“, se refiere en realidad a ídolos. ¿Cuándo surge el arte islámico como anicónico?

— Estoy convencido de que el aniconismo islámico es la expresión de una actitud ante la vida, el lenguaje de una cosmovisión determinada. No veo yo la prohibición icónica por ningún sitio. Y sobre los ídolos, pues todo puede llegar a serlo, desde los más naïf, que serían los tótems de las tribus primitivas hasta los más sofisticados de los ideales filosóficos de una sociedad o de una época, todo puede llegar a convertirse en un ídolo si se le rinde adoración. Rendir adoración a algo es darle realidad, otorgarle existencia. Cuando alguien se obsesiona con algo lo está adorando aún sin darse cuenta. Adoramos la belleza corporal mediante la publicidad y provocamos la anorexia en la sociedad de los adoradores de la televisión. La televisión es el gran ídolo, la fábrica de imágenes que necesita el sistema para mantener hipnotizadas a las conciencias, para mantenerlas en una fe crédula, absortas en la imagen.

Los volúmenes geométricos en el arte islámico se ven superados por la dualidad que expresan la cúpula y el minarete existentes en muchas mezquitas. ¿Dónde se encuentra el simbolismo de la Unidad, la Realidad Única?

— Sabemos por el Corán y constatamos por nuestra experiencia que Dios lo ha creado todo por parejas y que el mundo es pura polaridad, pura tensión, plena diversidad, pero también sabemos que hay una misericordia en ese velo que oculta lo Único. Sin ese velo no existiríamos nosotros ni existiría la vida tal como la conocemos. Ese velo está tejido sobre la urdimbre del lenguaje y la arquitectura es también un lenguaje. De la misma manera que el alif es la primera de las letras, que no se une a ninguna otra y es el símbolo de la Unidad, el alminar se eleva recto hacia el cielo y desde ahí, desde lo más alto, descienden los ecos del muecín llamando a las gentes a la adoración, a la extinción y al sometimiento, al reconocimiento de lo Único, de la Realidad Única, de Dios.

Todo en la creación es curvo, cíclico, redondo, todo tiene un comienzo y tienen un fin… un rayo de luz que se extendiese hacia el infinito volvería a su punto de partida porque también la trayectoria de la luz es curva, como curvas son las ondas del agua y las del pensamiento, circulares, recurrentes…, y de ahí que cualquier experiencia, cualquier percepción “no sea sino un recuerdo, un eco”, como bien nos dice Dios en el Corán.

¿Cómo vive un artista en el s.XXI la fe y la experiencia de lo sagrado en medio del mundanal ruido? ¿Cómo lo transmite?

— Yo no lo sé. Y si lo supiera no lo diría, no lo traicionaría, porque ¿dónde está el ruido en realidad? ¿está dentro o fuera de nosotros? y ¿donde está lo sagrado? Yo creo que el artista, el poeta, el ser humano creativo, es ante todo un contemplativo, un místico que se queda arrobado ante tanta grandeza y que trata de agradecer los dones de la conciencia mediante los distintos lenguajes de que dispone, sean los que sean, las palabras, los colores, lo sabores, los silencios…, cualquier lenguaje es bueno si nos ayuda a retornar a la Realidad compartiendo ese retorno.

Un gran poeta, Ibn al Farid, nos señala que todo lo que se muestra:

“He aquí tras el velo misterioso,
las formas de las cosas que se muestran bajo cualquier forma,
de múltiple apariencia…”

es obra del Único. ¿Cómo percibe entonces su obra un artista musulmán?

— Con un profundo desapego y con muy poca sensación de originalidad o de autoría, como un jalifa loco que ha sido agraciado con el lenguaje, como un intermediario que ha sido agraciado con la Revelación y que sólo puede agradecer diciendo o callando, gritando o sugiriendo…, no sé, quizás el arte sea sinónimo de la mística cuando ésta se convierte en una experiencia que quiere ser compartida.

España cuenta con algunos de los ejemplos más importantes y refinados del arte islámico a nivel mundial: Mezquita de Córdoba, Alhambra de Granada, Medina Azahara… ¿Cómo es posible esa imagen del islam y los musulmanes como algo bárbaro y terrible en España?

— Porque las identidades que son básicamente fruto de un trauma —y la identidad española lo es clarísimamente—, tanto si son individuales como colectivas, tienen siempre el tinte neurótico de atracción/repulsión o de amor/odio. Todo lo que huele a moro o a judío acaba conduciendo en este país a una suerte de psicoterapia de Estado.

Edward Said afirmaba que Oriente ha servido para que Europa se defina en contraposición a él, si bien Oriente es una parte integrante de la civilización y de la cultura “material” europea. ¿Asistimos a una nueva reconstrucción europea basada en el orientalismo que identifica, por ejemplo, el islam como violencia e ignorancia?

— Yo creo que se ha intentado clara e inetensamente, pero los vientos son ya ahora otros. La mundialización hace cada vez más dificil el mantenimiento de esas viejas identidades. Las descripciones distópicas de los autores americanos ya no sirven para describir la vida de las ciudades contemporáneas. El urbanismo y las estructuras sociales ‘modernas‘ desaparecerán con las nuevas tecnologías de la energía. Ya se están liberando, y valga la redundancia, las llamadas “energías libres” y eso va a conllevar una revolución mucho más fuerte que la que ha supuesto Internet. El mestizaje global es ya inevitable. Creo que estamos comenzando a alcanzar una masa crítica.

Te apasiona el estudio de los moriscos, ¿por qué?

— Más que apasionarme me explica muchas cosas de mí mismo, de la sociedad en la que vivo. Creo que es bueno que conozcamos nuestra propia historia. Aunque sea verdad que Al Ándalus ocurrió hace ya mucho tiempo, que la expulsión de los moriscos tuvo lugar hace ya 400 años, no por ello esos hechos dejan de estar presentes en nuestras vidas. Somos el fruto de una historia atroz, inhumana, pero, al mismo tiempo, llena de fecundas intimidades. Conocerlas puede ayudarnos a vivir como pueblo, como comunidad, y la persistente negación de esa memoria, que ha sido una constante de nuestra historia, no es sino una fuente de malestar, de neurosis, guerracivilismo e incultura. Es triste negar lo que se ha sido, sobre todo cuando esa memoria ha sido tan bella y elevada y se han seleccionado sólo los recuerdos de un imperio imposible y fugaz, un Siglo de Oro inasible. Creo que hay pocos pueblos que hayan vivido un secuestro semejante de su propio pasado.

Cuenta un importante judío sefardí que hace 500 años les echaron de España para quedarse con sus riquezas, y que ahora les conceden la nacionalidad española por la misma razón. ¿Cuáles crees que son las “verdaderas” razones para que España otorgue a los sefardíes la nacionalidad española?

— Creo que ese judío sefardí tiene toda la razón el mundo.

En realidad, y dada la ola de islamofobia, lo que yo pediría al Gobierno e instituciones españolas es que no me quiten la nacionalidad española, es decir, que no me traten como a una inmigrante por ser musulmana. ¿Cuál es tu experiencia como moro nuevo? ¿Has sufrido islamofobia u otro tipo de rechazo?

— Recuerdo que, poco después del 11S, me encontré en mi propio pueblo, Almodóvar, con mi amigo Juan, que me preguntó, medio en broma medio en serio, si yo era seguidor de Bin Laden. En un primer momento y, dado el clima de terror e inseguridad que entonces se desató, la pregunta me pareció gratuita e impertinente, casi brutal. Algún tiempo después, reflexionando sobre lo que estaba ocurriendo, pensé que la pregunta no estaba de más, que había una cierta lógica en ella.

Realmente, ser musulmán en Andalucía es reivindicar y expresar de facto una alternativa hacia la pluralidad, la interculturalidad, hacia la libertad religiosa y, en general, de conciencia, una vía abierta al crecimiento moral e intelectual de la sociedad. Ser aquí musulmán, en los momentos —creo que, en cierta medida, afortunadamente ya pasados— en que la propaganda del imperio quiso hacer de los musulmanes los enemigos de la civilización, supuso también la posibilidad de convertirnos en conciencia crítica. Ahora tengo la sensación de que la islamofobia que padecemos es parte de la inercia de aquella bomba atómica mediática de hace trece años, que no es poca, pero creo que los tiros van hoy ya en otra dirección.

En estos momentos te encuentras escribiendo un libro que recoge la memoria de Junta Islámica, ya que este año se cumple el 25 aniversario desde su fundación. ¿Cómo surgió Junta Islámica y para qué?

— Junta islámica surgió en 1989 como resultado de una serie de encuentros informales entre viejos amigos y compañeros de militancia antifascista, en Salobreña, Granada. Nos dimos cuenta entonces de ciertas realidades que luego han resultado ser intuiciones ciertas y útiles en el desarrollo de las libertades en este país, sobre todo de la libertad de conciencia y religiosa.

La Transición no sólo era entonces un proceso de la política de los partidos sino una experiencia que afectaba al conjunto de la sociedad y a las personas individualmente. Desde mi punto de vista, una de las razones más profundas que impulsaron la creación de Junta Islámica, fue la conciencia de la necesidad de revisar nuestra propia historia, de recuperar la memoria histórica en un sentido amplio, profundo. Y el islam era y es, indudablemente, una de las grandes lagunas o asignaturas pendientes de esa recuperación o normalización. De ahí el concepto de psicoterapia de Estado al que aludí anteriormente, medio en broma pero absolutamente en serio.

¿Cómo podemos vivir como musulmanes en una sociedad que ve a los moros como enemigos o extranjeros? En aquellos años ni siquiera había tenido lugar el fenómeno de la inmigración, lo cual tenía una consecuencia doble. No había visibilidad de lo islámico —los musulmanes éramos menos de cuatro gatos— por lo que no se nos atacaba pero al mismo tiempo tampoco se nos tomaba muy en serio. Las cosas, como sabemos, fueron cambiando muy deprisa y con la entrada del milenio se produjo la gran maniobra mediática que todos sufrimos y que nos ha conducido a una visión bastante dura y al mismo tiempo purificadora.  Entonces queríamos vivir como musulmanes sabiendo como sabíamos y sabemos que el islam es una vía de moderación, de paz y crecimiento humano y que esas visiones deformadas y fanáticas eran fruto de una estrategia definitoria de una dimensión sin precedentes. El poder siempre necesita un enemigo, una amenaza exterior. Antes fueron los comunistas, luego fuimos los musulmanes, pero ¿y ahora? ¿dónde esta el enemigo?

¿Qué anécdota destacarías de aquellos primeros años? 

— Recuerdo una anécdota muy graciosa durante un viaje a Marruecos que relaté en mi libro Párrafos de moro nuevo. Queríamos ver a un santo, sidi Muhámmad Ibn Kursi, y la policía nos obligó a acudir a un cadí para explicarle las razones por las cuales queríamos ver a esa persona. Llegamos hasta una especie de fuerte colonial muy cinematográfico, evocador de aquellas imágenes de Beau Geste en las que, tras la lucha, sólo quedaban en pie las murallas de adobe y alguna bandera francesa decolorada y hecha jirones. Al entrar, teníamos la sensación de estar regresando a una situación conocida. La habitación era como aquellas viejas comisarías de la España nacionalcatólica. Tras pedirnos los pasaportes, el cadí estuvo revisándolos durante un buen rato, tratando de descubrir algún signo revelador que explicara de manera fehaciente quiénes éramos aquellos barbudos que se comportaban como musulmanes, y qué estaban haciendo allí. De vez en cuando se atusaba el bigotito y nos observaba detenidamente, tratando de relacionar la foto del documento con los rostros de los allí presentes. Finalmente, sin preámbulos, nos lanzó la pregunta:

“¿Para qué quieren ustedes ver a Ibn Kursi?”

Abdennur Coca, que Allah le haya acogido en Su Rahma, que hablaba francés, le contestó que estábamos de vacaciones, que habíamos conocido al sheij años atrás y queríamos ir a saludarle. El cadí pareció complacido y nos fue preguntando a cada uno nuestro nombre y profesión. Cuando Mansur Escudero dijo que era médico —“docteur”, precisó Abdennur— sentimos que todo iba bien, pero cuando le tocó el turno al propio Abdennur éste dijo “Editeur”, la cara del cadí se puso roja y su expresión adquirió un tono de interrogatorio serio y formal.

—“Editeur?” repitió aquel hombre casi sin dar crédito a lo que estaba oyendo.
Abdennur palideció y a todos los presentes se nos cogió un nudo en el estómago. Finalmente, casi sin poder evitarlo Abdennur precisó:

“Oui, je suis editeur… petit editeur”, al tiempo que hacía un gesto con los dedos índice y pulgar, tratando de minimizar visualmente la profunda impresión causada al funcionario.

Cuando oímos aquello se empezaron a desatar las carcajadas. No podíamos parar de reírnos a carcajadas… “Petit editeur”, repetíamos en voz baja sin poder contener la risotada.

Aquello pudo acabar muy mal. Mansur intentó dominarse pero fue en vano, porque cada carcajada superaba en intensidad a la anterior y estábamos entonando un crescendo que no amainaba. Ya no sabíamos si reír o llorar… y nos mirábamos de reojo.

Las lágrimas saltaban por todos sitios, y cada intento de acabar con aquello era aún peor. La crisis duró casi un cuarto de hora y terminó con el cadí rompiendo a reír como un poseso y diciéndonos que podíamos ir sin ningún problema a visitar al sheij, mientras se limpiaba las lágrimas y se sonaba la nariz con un pañuelo doblado a la francesa que extrajo de un bolsillo de su guerrera.

Tras 25 años, ¿cuál es el balance del trabajo realizado por Junta Islámica?

— Así, a vista de pájaro, y sin falsa modestia, creo que la labor de Junta Islámica a lo largo de estos 25 años ha sido titánica. No sólo por la cantidad de actividades que se han llevado a cabo sino por la naturaleza de éstas y por el contexto en el que han tenido lugar. Sobre todo en los primeros quince años, el esfuerzo de todos los que formamos parte de este proyecto fue agotador en todos los sentidos y muy amargo en ciertos aspectos personales.

El asesinato de Sabora Uribe en 1998, la extraña muerte de Abdennur Coca en Granada en el momento álgido del proceso negociador con el Estado…, las continuas zancadillas de la Administración…, aquellos fueron unos tiempos duros, épicos, realmente teñidos de espíritu de lucha, de sacrificio y esfuerzo. Nuestras familias sintieron en sus propias carnes toda aquella apuesta como una  prueba quizás demasiado dura en algunos momentos.

No estamos hablando sólo de la normalización del islam en España tras quinientos años de monopolio confesional católico. Ha sido bastante más que eso. Ha sido la prueba del nueve de una lucha a muerte por las libertades  democráticas, empezando por la libertad de conciencia y de expresión y acabando, que aún no hemos acabado, todo hay que decirlo, por la libertad religiosa. Creo que en términos de imaginario, de mentalidades y actitudes, la Transición no se ha llegado a producir del todo. Hemos avanzado, claro, pero sólo hemos avanzado un poquito, sólo somos un poquito más demócratas, más abiertos, pero no mucho más. Queda casi todo por hacer. Y lo mas importante, en mi opinión, y ahí creo que Junta Islámica acertó plenamente, es recobrar la memoria histórica profunda, lograr la normalización de la diversidad en una sociedad acostumbrada a lo monolítico, a lo homogéneo…

Ahí es donde el tema morisco adquiere su verdadero sentido contemporáneo y ahí adquieren un enorme valor algunos testimonios literarios contemporáneos tales como La mano de Fátima o El cielo roto, novelas históricas que pueden ayudarnos a comprender, de una manera no académica sino lúdica, cómo pudieron ser aquellos tiempos fundacionales de nuestra sociedad y, sobre todo, del Estado, tiempos en lo que se abolió ferozmente la diversidad cultural y religiosa. Tratar de comprender y conocer eso puede ayudarnos bastante a vivir el presente con una actitud más abierta e inclusiva y a transformar la sociedad en la que vivimos, que es la heredera y la expresión directa de ese Estado.

¿Cómo se define Junta Islámica dentro de la Umma? ¿Existe una especificidad andalusí en su identidad y objetivos?

— Junta Islámica no es sino un intento de vivir el islam tradicional en los tiempos que corren. Aunque a algunos les parezca una comunidad muy rompedora y vanguardista, en realidad lo que estamos defendiendo es el islam tradicional, no el modernismo islámico. Abdennur Prado me explicó una vez muy bien el equívoco que suele producirse con estos términos. Lo que parece más avanzado, libre y ecuánime, es siempre el islam tradicional y aquello que parece más radical e integrista es habitualmente una innovación. Para quien no está muy al tanto del asunto puede resultar difícil de entender, pero hemos de intentar conocer la historia del islam, sobre todo de la modernidad y el islam, para comprender estos asuntos que son vitales para cualquier musulmán o musulmana que quiera vivir como tal en el mundo contemporáneo.

Es verdad que lo andalusí es una referencia constante en el discurso de Junta Islamica, pero es que somos españoles, muchos de nosotros andaluces, clarísimos herederos de esa memoria andalusí, moros nuevos de cristiano descendientes de aquellos otros cristianos nuevos de moro que se quedaron tras la expulsión final de los moriscos a comienzos del siglo XVII. Y nos sentimos muy orgullosos de ello porque existen pocas dudas sobre la grandeza de aquella civilización que fue posible, sobre todo, gracias a la práctica de un islam tradicional, vivo, libre, plural y desinhibido.

A mí me atrae especialmente la figura de Muhámmad Ibn Masarra, un cordobés peculiar del pleno esplendor califal cuyas obras han permanecido desaparecidas más de un milenio y que van a ser por fin publicadas el próximo mes de mayo por la Editorial Almuzara tras ser descubiertas casi por casualidad en Estambul y en Dublin hará unos quince años. Me interesa especialmente porque su discurso explica muy bien determinadas actitudes que los nuevos musulmanes, y sobre todo los que hemos constituido Junta Islámica, hemos defendido durante más de un cuarto de siglo como señas de identidad islámicas y andalusíes: La libertad de obrar, la libertad religiosa y de expresión, la igualdad de género, etc. Creo que la publicación de esas obras marcará un antes y un después para la comprensión del islam andalusí y el fenómeno de los nuevos musulmanes en España.

De cara al futuro, ¿cuáles son los retos más importantes para Junta Islámica?

— Tal vez poder gestionar de manera lúcida y creativa ese enorme banco de datos sobre el islam en castellano, que es en lo que se ha convertido el portal Webislam. No podemos hacernos una idea cabal de la magnitud de dicho banco de datos, ni siquiera quienes trabajamos diariamente con él. Usar de forma creativa ese legado contemporáneo implica continuar los grandes temas que son tan peculiares de Junta Islámica y que hemos venido mencionando desde el principio: la libertad religiosa, la igualdad de género, la lucha contra la islamofobia, la recuperación de la memoria histórica en un sentido amplio y profundo, el diálogo intercultural e interreligioso, la realidad de lo halal, etc, etc., y hacerlo aportando nuevos puntos de vista, afinando más en los contenidos para que estos respondan mejor a las necesidades de una sociedad en profunda transformación. Ese reto quizás sea el más difícil, no tanto desde un punto de vista tecnológico sino conceptual. Es necesario afinar el concepto, adecuarlo a las nuevas necesidades, a los nuevos lenguajes, y éstos no paran de transformarse.

Así, por ejemplo, vemos que la tarea analítica de la nueva generación de Junta Islámica es más exigua que la de la primera generación, que fue, hasta cierto punto exuberante en muchos aspectos. Pero es que tal vez en estos tiempos los análisis genéricos que se hicieron sigan siendo válidos y tal vez lo que se requiera sea mas la acción, la aplicación práctica de esas conclusiones, de aquellos análisis. Posiblemente lo que estamos experimentando en Junta Islámica sea un tránsito desde el análisis formal y conceptual hacia la aplicación y la síntesis, una síntesis que ha de ser creativa y dinámica si queremos que ese fondo documental y ese legado analítico no se queden en letra muerta, en agua de borrajas, lo cual sería una verdadera pena, dado el enorme esfuerzo que supuso producirlo.

¿Qué temas debate en la actualidad Junta Islámica?

— Pues precisamente los mismos temas de los que hemos venido hablando: la libertad de conciencia, la igualdad de género, la lucha contra la islamofobia y cualquier clase de discriminación, la defensa de las minorías, la recuperación en profundidad de la memoria histórica, reforzar el diálogo intercultural e interreligioso, la incidencia del tema de la alimentación halal en la difusión del islam, etc.

Personalmente echo un poco en falta un cierto debate sobre ciertas transformaciones, si no inherentes, sí al menos paralelas al proceso de mundialización. No me refiero a aquellos aspectos que aparecen habitualmente en nuestro discurso, como puedan ser la inmigración, el mercado halal, la islamofobia o la interculturalidad, sino a los cambios de conciencia que se están produciendo a nivel planetario y que tienen que ver con factores de más hondo calado, como son el cambio climático, los descubrimientos y teorías científicas más recientes, los nuevos hábitos y pautas existenciales asociados a la nuevas tecnologías, los nuevos lenguajes, etc.

El islam ha sido siempre muy sensible al conocimiento científico y, en los momentos de mayor esplendor de las sociedades islámicas, la ciencia ha ocupado un papel central. De hecho muchas de las novísimas propuestas sobre energías libres o sobre estudios de la conciencia están siendo llevados a cabo hoy por musulmanes. Ahí tenemos el caso del Doctor Meran Keshe, que acaba de difundir una innovadora tecnología de plasma a través de Internet. Estas aportaciones van a cambiar profundamente el panorama planetario en muy poco tiempo y quizás no les prestamos toda la atención que merecen.

¿Por qué cuesta tanto tener unas relaciones normalizadas con algunas instituciones? ¿Pesa todavía demasiado el nacionalcatolicismo?

— El nacionalcatolicismo pesa tanto que ahoga, pero es bastante lógico que sea así. Quinientos años de monopolio confesional dan para mucho y el imaginario es algo difícil de cambiar. Esa ha sido una de las grandes lecciones que los miembros de Junta Islámica hemos aprendido en nuestras propias carnes a todos los niveles a lo largo de todos estos años. Hemos podido ver la importancia que tienen determinados temas y lugares. La importancia simbólica de un lugar tan maravilloso y especial como la Mezquita-Catedral de Córdoba, tan cargado de historia y tan lleno de memoria colectiva.

La semana pasada me pidieron que acompañase a un musulmán senegalés a una visita a la vieja Aljama de Córdoba. Como todo el mundo sabe, el Cabildo ha borrado la palabra Mezquita de la publicidad y de la propia visita guiada al monumento, que es ahora, strictu senso, una Catedral sin más ambages. También sabemos que está prohibido hacer la salat u oración islámica dentro del recinto, incluso junto al mihrab, que queda fuera de lo que es propiamente el ámbito catedralicio.

En un determinado momento, uno de los visitantes sacó un tasbij e inmediatamente se acercaron dos policías de paisano y un guarda del Cabildo que imprecaron a esta persona diciéndole que guardase su rosario porque, según dijeron, está prohibida “toda forma de oración islámica” en aquel lugar. El musulmán protestó diciendo que sólo llevaba el tasbij en la mano, que cómo sabía él que estaba rezando, a lo que el guarda, implorándonos nuestra comprensión nos dijo: “Soy Fulano (omito el nombre propio por decencia) el guarda…, conocía al señor Mansur, a sus hijos, conozco a la señora Salma Garaudy…, no tengo nada en contra vuestra, pero me están diciendo por el pinganillo que no pueden sacar esto aquí. Todo el monumento está lleno de cámaras de vigilancia y ahora mismo nos están grabando y escuchando nuestra conversación. Por favor, no me creen un problema”.

Este hecho resulta bastante revelador de la realidad sociopolitica de nuestro imaginario, de cómo aún se conservan ideas y actitudes que parecen propias de otros tiempos… pero eso debería ayudarnos a comprender hasta qué punto es necesario seguir abordando estos temas y hacerlo de una manera generosa e inteligente. Los cristianos, los creyentes sinceros de las distintas religiones, son nuestros hermanos.

Como musulmanes sabemos que esto es así, que tenemos más cosas en común que diferencias, sobre todo si nos centramos en la vivencia y en la práctica espiritual y de los valores.

Nuestra relación interreligiosa está teniendo lugar a niveles muy profundos con cristianos de base, pero la Iglesia, la jerarquía católica española es harina de otro costal. Estamos participando desde hace casi tres años en oraciones comunitarias con miembros de otras confesiones religiosas en un bello proyecto en Córdoba denominado Mesa Unidad. La sintonía con algunos sectores cristianos, como el Carmelo místico, es bastante armónica y fluida. Junta Islámica acaba de firmar con el CITES de Ávila, la Universidad de la Mística Carmelitana, un convenio para la creación de una cátedra islamocristiana denominada Ibn ‘Arabi, así que el problema es con la institución eclesial, no con las comunidades ni con las órdenes religiosas.

Como seguidores que somos del profeta Muhámmad, la paz y las bendiciones sean con él, compartimos sus actitudes y valores. Pero hemos de empezar por nosotros mismos. Muhámmad (sas) siempre estuvo abierto al diálogo y a compartir con los demás el regalo de la Revelación. Nos ha tocado vivir en un tiempo convulso en el que es más fácil señalar las diferencias que obviarlas y trascenderlas en un encuentro enriquecedor. Necesitamos recobrar el espíritu muhammadiano, la actitud y el talante proféticos que hicieron posible una de las mas bellas experiencias sociales y culturales de toda la historia de la Humanidad.

¿Veremos la aparición de partidos islamófobos en España?

La islamofobia es algo visceral que permea a los grupos y comunidades más allá de su adscripciones políticas. Es cierto que siempre tendemos a relacionarla con la extrema derecha, con los neonazis, con el nacionalismo extremo, etc, pero no es menos cierto que es la sociedad en su conjunto la que recibe los mensajes confrontadores a través de los eficaces medios de desinformación y propaganda con que cuenta el sistema neoliberal imperante.

Ya existen partidos islamófobos en España. Buena parte de la derecha integrada en el Partido Popular —no toda ella, todo hay que decirlo, sino la más extrema— es netamente islamófoba. Ya tuvimos ocasión de comprobarlo durante los sucesivos gobiernos de Aznar con una claridad meridiana, sobre todo en la segunda legislatura. Pero, como digo, la mayoría de la derecha está en trance de civilización y moderación, lo cual es uno de los procesos más necesarios para la normalización sociopolítica del Estado español. La derecha española de la Transición ha sido, hasta el momento presente, muy extrema, quizás por la proximidad temporal de la dictadura, tal vez por haberse resuelto esa Transición de manera incompleta y parcial. El liderazgo de Rajoy supone un cierto cambio. Lo poco es, en este aspecto, mucho.

Sería deseable en España la supremacía de una derecha democrática y civilizada como la que ha existido hasta ahora en buena parte de Europa, aunque claro, ahora vemos el auge de la extrema derecha en el panorama político continental. En fin, que no es un asunto fácil ni baladí.

Muchos de los mayores ataques contra Junta Islámica se han realizado en ocasiones por otras comunidades de musulmanes. ¿De dónde viene ese canibalismo que viven las comunidades islàmicas?

— Personalmente estoy convencido de que los musulmanes vivimos aún la herencia colonial y postcolonial, que viene a ser casi la misma. El ‘divide y vencerás’ ha sido la norma colonizadora, como desgraciadamente estamos viendo aún en nuestros días, casi desde los mismos comienzos del islam de Muhámmad, la paz y las bendiciones sean con él, desde muy poco tiempo después de su partida de este mundo. El denominado integrismo no deja de ser una consecuencia de la dominación occidental sobre el mundo musulmán, como bien analizó el tristemente desaparecido Edward Said. Esa tendencia a la ‘Guerra Santa’, esa deformación del concepto tradicional de yihad que tanto gusta a determinados sectores y a los medios occidentales en general, ha sido escrupulosamente inoculado en la Ummah islámica como un cáncer que destruye el mensaje muhammadiano en sus valores y actitudes más esenciales.

Concretamente, en España, hemos podido constatar la gran hipocresía que existe en el discurso oficial sobre el islam y los musulmanes. Se nos acusa a menudo de integristas y fanáticos, pero, hasta el momento presente, se ha pactado y se ha apoyado precisamente desde el Estado a los grupos y tendencias mas integristas. El Estado ha estado siempre a partir un piñón con la Federación más intransigente, con la menos ‘española’ y siempre contra el islam tradicional, el de los musulmanes españoles y el de aquellos otros que no siguen las doctrinas del salafismo importadas por determinados Estados que tienen sendas representaciones diplomáticas y suntuosas mezquitas en la capital del Reino y que son, en muchos casos, los alentadores y financiadores del terrorismo, de esa lacra que nada tiene que ver con el islam y que tanto favorece los intereses depredadores de las multinacionales del armamento y las petroquímicas. La política se mezcla con la religión, como han sido la norma durante siglos. No es extraño que siga siendo así.

Asi que ese canibalismo del que hablas viene inducido por esos intereses extraislámicos que están presentes inevitablemente en el tablero de la geopolítica, aunque, si he de ser sincero, pienso que la mundialización puede depararnos grandes y agradables sorpresas. Creo que lo peor del proceso ya ha pasado, que estamos arribando a una nueva sociedad, a una nueva edad que nada tiene que ver con el new age y sí con una mayor justicia y equidad, con una mayor conciencia colectiva, aunque de momento no lo parezca y sugiera todo lo contrario. Me gustaría no equivocarme en ello.